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¿En qué estamos convirtiendo el futuro del Camino?.

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Diario de un Peregrino. Capítulo 18. Portomarín Arzua. 53 kilómetros Leopoldo Bernabeu

Estando a las puertas de la Catedral, y con dos de las etapas consideradas dentro de los últimos 100 kilómetros, llega la hora de la profunda reflexión. Y lo hago después de haber caminado casi 13 horas entre Portomarín y Arzua, donde de nuevo, me encuentro con los pies malheridos a remojo en agua fría y sal, convencido de que mañana, en esa última y apasionante jornada, no me fallarán. En el Apóstol confío.

Los parámetros y las historias que había venido escuchando desde que salí desde Sant Jean Pie de Port hace hoy 18 días, sobre el drástico cambio que iba a encontrar toda vez que pasara por la población de Sarria, se están cumpliendo. Y todavía tengo que agradecer que la masificación esperada no sea tanta. Pero todo lo visto y escuchado durante este tiempo, merece una pensada, si de verdad los españoles queremos que perdure este Patrimonio Universal tan propio como es el Camino de Santiago.

Hacer el Camino es sanador, integrador, universal, diverso y fraternal. Con esos principios vine hasta la frontera con Francia, comienzo de esta aventura y ahora, apunto de alcanzar la puerta del Obradoiro, doy Fe de ello. La sensación es que no todos pensamos así, más bien son demasiados pocos quienes lo hacen, y si hablamos de españoles, prácticamente han desaparecido del Camino tradicional, ese que empieza en la puerta de la casa de cada uno, pero que como mínimo y si hablamos del Francés, desde Sant Jean o Roncesvalles.

¿Está España dándole la espalda a peregrinar?. Es mi primer Camino y mi percepción es que sí. Desde que empecé en Francia hasta Sarria, además de infinitos menos peregrinos de los que esperaba encontrar, con etapas largas donde he sentido la más absoluta soledad, el 90% de aquellos con los que he compartido alojamiento y cenas comunitarias eran extranjeros. Si dijese que eran el 95%, tampoco faltaría a la verdad.

Estamos cambiando el contenido espiritual del reto por el concepto de turismo fácil. De ahí lo de Turisgrinos, palabreja que viene como anillo al dedo. Y es que la peregrinación no son unas vacaciones y un mero negocio, dos objetivos demasiado evidentes por los estrategas del marketing. Hacer un Camino pequeño, superficial y senderista, cuyo objetivo es la foto instantánea subida a las redes sociales, es una gloria vanal y una experiencia vacía de sentido y contenido.

El Camino completo es una de las mejores experiencias de nuestra vida. Lo puedo ratificar, muchos lo han hecho antes que yo. El turisgrino está obligando, quizás sin saberlo, a que peregrinos ilusionados, también cansados, acepten renuncias, según Caminos y épocas, ante la avalancha de seres sonrientes y despreocupados con sus pequeñas mochilas, porque hasta eso han terminado enviando con transporte privado entre albergues y a diario. ¿Dónde está el mínimo sacrificio?.

No todo vale en el Camino. Pasamos del diálogo fraterno con los moradores de los pueblos y aldeas, a molestarlos. De ser agradecidos a protestar en los albergues, sin mirar y entender que son hospitaleros voluntarios quienes nos atienden. A atentar incluso contra el trazado original. La solidaridad, el altruismo, la diversidad o la fraternidad, las estamos sustituyendo por exigencias en los albergues y el propio Camino. No estamos siendo conscientes que frente al privilegio de tener un espacio sagrado y universal, los españoles lo estamos convirtiendo en banal, en una mera caminata.

Renunciamos al largo recorrido, que es la verdadera esencia de la experiencia peregrina, sólo para obtener una Compostela en pocos días. He renunciado a aceptar que a partir de Sarria tenga que sellar al menos dos veces diarias si quiero que me la den. No he peregrinado 800 kilómetros en busca de ningún papel. Vine a conocerme y exigirme, ambas cosas he conseguido. Iré a buscar la Compostela, sí, pero a la menor exigencia agradeceré que se la queden. Lo que sucede entre Sarria y Santiago de Compostela, podemos llamarlo como queramos, pero no es Peregrinar. Es engañarnos, empobreciendo nuestra experiencia vital, obedeciendo tan sólo a una moda pasajera.

Dicho esto, en mi diario ya cercano a la desaparición, esta jornada ha sido memorable. Todas amanecen con las dudas sobre que historias contar, y todas terminan dejándose demasiadas imágenes y anécdotas en el tintero.

Nos dormíamos en Portomarín con el aviso de nuestra compañera inglesa de que había que madrugar bastante. Todos de acuerdo. El reloj ha sonado a las 5 y ella ha sido la única que no se ha levantado. Al salir a caminar descubrimos que la noche es intensa y el arbolado profundo. Hoy he sido el apóstol que con su luz ha hecho de guía para Javier y Ana. Él estudiante de física de la Universidad de Toledo. Ana, mañica, 30 años y profesora de educación social con destino en Fraga. Ambos dos sin luz frontal en una noche cerrada con niebla baja muy intensa. Le he devuelto al apóstol sólo un pequeño porcentaje de lo que viene haciendo por mí. Con ella hablaba del ex alcalde de su pueblo, Ejea de los Caballeros, y posteriormente presidente de Aragón, Javier Lamban. Ocho horas después llegaba la noticia de su fallecimiento. Descanse en paz.

A las 7.30 un buen café cambia el paisaje. Se evapora la niebla y mis pies no sienten dolor. Demasiada gente se sorprende porque vengo desde San Jean, resumen de lo comentado al principio. Recibo la llamada pendiente de Marie France y Fernando Escudero. Quedamos en vernos en Palas de Rey. Que rápido se me pasan las primeras cinco horas y esos primeros 25 kilómetros recorridos. Para muchos la etapa ha concluido. Para es el segundo café, esta vez en la mejor compañía. Ellos van camino de Corcubion donde van a ejercer de hospitaleros voluntarios durante las dos próximas semanas. La visita me ha reforzado mi autoestima. ¿Porqué debería detenerme?.

Melide es la posibilidad que tanteo como final de etapa, pero siempre sin certificado. No hay reserva confirmada que me obligue. Los paisajes son muy bonitos, aunque no tanto como los del día anterior. Ya estoy en La Coruña, y yo sin saber ni cuando se ha producido ese cambio de provincia, la última de esta travesía: Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y, por fin, La Coruña.

Loa paisajes me recuerdan que se disfrutan en función del ánimo con el que los mires. Gran verdad. Empieza hacer calor, y ya no se ven igual los verdes.

Aprovecho para pedir ayuda y que me reserven plaza en un albergue a las puertas de la Catedral de Santiago, a la que espero llegar mañana. Yo me busco la vida hoy como he hecho los 17 días anteriores sin el más mínimo problema. El día es festivo en toda España y lo certifico en Melide, pueblo al que llego realmente asustado. Se acaban de producir sendos fuegos, a mi derecha e izquierda y son decenas de aviones y helicópteros los que se multiplican para que no vayan a más. No creo en las casualidades y ambos terroríficos fuegos han nacido a la misma vez. Demasiado psicópata suelto.

Melide está en fiestas, perfecto motivo que ratifica mi huida hacia delante, aunque me voy con hambre. Demasiada gente en todas partes. Ya comeré algo, con frutos secos y dos plátanos se pasa el día a la perfección, otro aprendizaje del Camino.

Por fin me atiende un buen hostelero que, aunque cansado, tiene un trozo de tortilla para mí. Una pareja me escucha y quieren saber dónde pueden leerme y como se llama mi libro. Quedan informados.

En Arzua estoy sentado, escribiendo y con 37 kilómetros pendientes para llegar hasta Santiago. Los pies a remojo y el artículo terminado. Espero que te haya gustado, pero sobre todo que te haya hecho reflexionar. Buen Camino

Leopoldo Bernabeu

 

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