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Columna de Ricardo Magaz en h50 Digital Policial. “CRÓNICAS DEL NUEVE PARABELLUM”.

 El sol estaba a poco de ocultarse. El Innombrable sabía que le acechaban en esos escasos momentos en que la luz se halla en tierra de nadie, camino del crepúsculo. Tenía motivos para recelar. Su conciencia vivía turbada pero nada podía hacer por evitarlo. Nada.

El Innombrable se detuvo justo al lado de la última casa de la urbanización de chalets de diseño donde vivía. Lanzó una mirada furtiva y presintió que la ocasión había llegado. Echó a correr hasta el río, pero el nivel del agua frenó en seco su huida. No tenía salida. A sus espaldas advirtió al perseguidor. Notaba su presencia cada vez más cerca. Una presencia de la que sospechaba lo peor. Lo sabía desde mucho antes y aguardaba en su fuero interno esa especie de castigo merecido. Nada en la vida es por casualidad. Los funcionarios del Ministerio le acusaban de ser un renegado a sueldo del partido que había pactado con los herederos de ETA para permanecer en el poder a cualquier precio.

Al punto, los pulmones del Innombrable suplicaban aire y su corazón, desbocado, golpeaba el pecho rumbo al infarto. Acorralado, se dejó caer de rodillas en el margen del arroyo. Sin escapatoria, el llanto constriñó su rostro y el pánico le atenazó los músculos. Sintió de pronto el primer roce en su hombro y recordó que nadie puede esquivar lo que está por venir. Nadie.

“Por fin te cacé; pero no temas, soy tú”, le dijo el emboscado con voz resuelta.

Y, en efecto, era su sombra. ¡El peso de su sombra innombrable!

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