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El puto amo

Manuel Avilés

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Manuel Avilés*

No sé quien inventó esa frase, pero refleja exactamente la realidad. Donald Trump, un sátrapa al más puro estilo clásico, persona que gobierna despótica y arbitrariamente y hace ostentación de su poder.

No cabe la menor duda de que Maduro, el analfabeto que se ha enseñoreado durante años en una Venezuela, heredada como una propiedad de Chaves, es un dictador de libro, pero Trump, en su calidad de dictador no le anda muy lejos, aunque con infinitamente más poder y capacidad.

Como hace un frío de tres pares y la moto  y sus circunstancias me han causado un trancazo importante – ya saben que la ancianidad es un problema irresoluble-   no estoy para muchos trotes. Veo la tele y lo que veo me recuerda a las clases teóricas  – lo de teórica es un decir- que recibía en la mili: la artillería golpea con su fuego profundo, potente y preciso. Luego viene la infantería y termina los flecos que hayan quedado y toma completamente el objetivo.

La operación, con precisión quirúrgica ha sido un éxito y Trump, ególatra de libro, se ha apuntado para sus fieles una victoria sin víctimas como para que lo idolatren hasta mucho más allá de su muerte. La secuencia ha sido perfecta, lo que significa que sus asesores  no son Leire, ni Koldo ni otros de esa calaña: información al milímetro  – conocen cada bunker en el que pernocta Maduro-, publicidad adecuada   – cada barcaza con supuestos narcos es publicitada al ser destruida y se alimenta la convicción de quién es el enemigo-, diseño milimétrico del operativo. Maduro está durmiendo plácidamente y no hay ni siquiera una mínima respuesta  de ese ejército que el chófer payaso  – con perdón de los payasos y los chóferes- había preparado para defenderse del ataque imperialista. Da incluso vergüenza la pobre publicidad de Maduro cuando exhibía a un abuelito  – diez o doce años mayor que yo- con una escopeta vieja dispuesto al combate. De pena.

El espectáculo de humillación de un dictador por parte de otro  – ¿qué falta hace llevarlo con los ojos tapados si va en un avión vigilado por decenas de agentes armados?- da fe de la vigencia absoluta de las afirmaciones de la Escuela Crítica de Criminología: las leyes  – por llamarlas de alguna forma- las impone quien tiene el poder para permanecer en él. Eso mismo me decía a mi Kubati, el terrorista etarra, en la pestosa enfermería de la cárcel de Burgos: no hay poder político alguno que se eficaz, manda quien pone la pistola encima de la mesa, o sea, tiene el poder el que tiene las armas  – lean “Cuarenta años de cárcel. Sin redención”, a punto de salir publicado por Ediciones del Quijote Negro e Histórico-.

¿Se ha encomendado Trump  – ególatra multimillonario que se cree inmortal con ochenta años- a algún poder jurídico, a algún tribunal internacional para actuar? Que yo sepa ha ido por su cuenta. ¿Qué juez le ha dado el mandato de detención del otro dictador de pacotilla, experto en espectáculos populistas tan ridículos como inútiles?  Tendremos que llamar a Manuel Desantes y que nos dé, en la Biblioteca de los Libros Felices, una conferencia sobre el derecho internacional aplicable para arrojar un poco de luz sobre esta situación.

Me surgen un montón de preguntas ante el Maduro secuestrado y esposado, ante el operativo militar ejecutado con precisión quirúrgica, ante la flota potentísima enviada por Trump a un Caribe en el que no saben defenderse  – he estado allí mucho tiempo, pregúntenle a Belloch- y donde reina el aguardiente Tres esquinas, el Ron Viejo de Caldas, y el rumbeo permanente con el vallenato, la bachata y el joropo.

Con esa agresión, publicitariamente preparada ¿Cómo quiere Trump que le den el Nobel de la Paz? ¿Cómo puede criticar a Putin por agredir a Ucrania o a Xi Jing Ping por querer anexionarse Taiwan? Lo ha dicho claramente y se ha delatado solo porque se cree omnipotente: vamos a mandar en Venezuela y mandar significa, entre otras cosas, mandar en su petróleo.

Además de la Escuela Crítica de Criminología, la situación de pisoteo de los derechos humanos por Maduro y por Trump  – viejo problema de la Filosofía del Derecho, me recuerda por fuerza a la   sobre si es lícito eliminar un mal con otro mal, o es licito matar al tirano- me lleva hasta Hanna Arendt al filósofa judía alemana, que hablaba de la “banalidad del mal”. Estos dos elementos, el capturado y el capturador   – eso lo he visto en mis cuarenta años de cárcel y no hago más publicidad porque vender tres libros o ninguno me la suda- se ve claramente que han podido ejecutar el mal sin odio y sin fanatismo, solo por utilitarismo puro, por actuar en su propio beneficio en la búsqueda y el mantenimiento del poder. Sin siquiera consultar un segundo a la propia conciencia que ha dejado de existir. Esto se ve muy claro en la política y en la cárcel  – tan cerca una de otra ahora- cuando alguien gasta una putada máxima y se escusa diciendo: no es una cuestión personal.

Maduro se pegó a rueda de Chaves y pasó de ser analfabeto a ser bolivariano. En la república bolivariana valía todo con tal de ser hecho en nombre de Simón Bolívar.  Trump se ha venido arriba y de ser multimillonario y amigo de Epstein ha pasado ser el puto amo. Ahora el primero, preso y acabado, no puede esperar sino cárcel. El otro dueño del mundo esgrime sus logros y se hincha como un pavo debajo de su lema: América primero, como si América solo fueran los Estados Unidos y estos los dueños omnímodos del planeta. Todo está permitido para el puto amo: poner aranceles a capricho y alterar la economía mundial, provocar aquí o allá en beneficio porque es quien tiene las armas y el ejército poderoso  – teoría Kubati, cogida de Sun Thzu y de Von Klausewitz, vulgarizada por Julen Madariaga en el manuel etarra Insurrección en Euskadi-. Trump puede perseguir inmigrantes como si fuesen jabalíes con fiebre porcina porque América es primero sin recordar que allí había indios y emigrantes son todos los que llegaron después, incluido él.

Solo me falta una observación, una duda: ¿Qué hará ahora Zapatero acabada aquella época que empezó como observador electoral? ¡Qué pasa con Diosdado Cabello, ministro de todo? ¿ Y con Delsy?  Sánchez se ha ofrecido como mediador. Ni le han contestado. Esto lo resuelve Trump solo, el puto amo.

Manuel Avilés, escritos y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

 

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