El nuevo terror ruso

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Natalia Yashchuk, coordinadora del Centro de Libertades Civiles, organización ganadora del Nobel de la Paz de este año, ha relatado al corresponsal de guerra Alberto Rojas, uno de los casos más desgarradores de la invasión rusa en Ucrania: “Un mísil ruso destruye la casa de una familia y mata a uno de sus hijos, el que tiene 14 años. Después, de camino al hospital, ametrallan al que tiene 16 años. Días más tarde, los rusos secuestran y torturan hasta la muerte al mayor, de 32 años. Cuando escuchas a la madre contándolo, algo se te muere por dentro”. Son tres espantosos crímenes de guerra de los más de 20.000 cometidos por las tropas rusas, es decir, por el genocida e imperialista Putin. Son salvajadas ejecutadas dentro de Europa. Hechos bárbaros y despiadados a un paso de la Unión Europea.

Todas estas actuaciones inhumanas son reveladoras de la crueldad del oligarca y sus secuaces y deben ser juzgadas por la Corte Penal Internacional, que ya dijo “La ley no puede ser una espectadora en Ucrania”. Los países democráticos, con la UE a la cabeza, deben de comprometerse de forma muy estrecha para perseguir estas atrocidades cometidas por Rusia en Ucrania. Occidente no puede seguir de brazos cruzados ante esta barbarie. Menos conferencias y más hechos. Mientras hablamos, niños, mujeres, jóvenes y ancianos viven aterrorizados. Llorando por lo que perdieron ayer, conteniendo la respiración por lo que podrían perder hoy o mañana. En un momento como éste la ley no puede ser una espectadora. La ley no puede descansar cómodamente en La Haya o en otro lugar, cuando está destinada a proteger o defender ciertos principios que son esenciales para la humanidad, ha asegurado Karim Khan, Fiscal jefe del Tribunal, aunque ni Rusia ni tampoco Ucrania sean miembros de la Corte Penal Internacional.

Mientras, Putin y sus aliados llaman a la invasión de Ucrania, misión u operación especial, con toda clase de intoxicaciones difundidas por sus palmeros en las redes, incluidas Twiter y Facebook, cuyo objetivo final es socavar las libertades, el modelo democrático occidental. Como ha dicho Armando Chaguaceda, uno de los principales investigadores de la revolución rusa, cubana y venezolana: “La cooperación autocrática entre Rusia y sus socios latinoamericanos está recargando el alcance de Rusia en la región. Se fortalece, por tanto, una confluencia bilateral de valores y posiciones opuestas a la defensa de la democracia entre fuerzas políticas autocráticas de la región y actores relevantes de la intelectualidad”.

Hemos peleado denodadamente para disfrutar de más de cuatro décadas de libertad, pero ha llegado la Agenda 2030 desde la Cumbre de Davos, que como ha dicho Jiménez Losantos se consagró como el Libro Verde de Occidente, envés del Libro Rojo de Mao, colección de idiotismo que rige la política de la mayor dictadura comunista del mundo. Mientras bendecía, con Bill Gates y los Sororos aplaudiendo, la ruina económica de Occidente a través del terror climático, Xi restauraba el culto a Lenin, que fue el terror rojo. Precisamente, también el comunismo es el modelo de la cancelación.

Bueno, ya me recojo, pero aún digo que después de más de ocho meses de invasión, nos la están metiendo doblada estos matones de la libertad, democracia y derechos humanos. Occidente, mira para otra parte ante el genocida Putin, se va escondiendo en su comodidad, mientras el pueblo ucraniano revienta de sangre por sus cuatro costados. Nos falta vivir como las ratas en las alcantarillas. Es el miedo que provoca el nuevo terror ruso.

MANUEL NOVÁS CAAMAÑO
Abogado

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