
Un artículo escrito por Amara Martín Vázquez @laflordehilo
Para qué es un coche oficial y para quién es?
Viernes 26 de Septiembre, en plena mañana laboral, un coche oficial diplomático apareció estacionado en la Calle Doctor Fourquet 32, en el corazón de Lavapiés.
Un vehículo de alta gama , negro, con matrícula roja, lunas tintadas, chófer impecable y seguridad con pinganillo. Escena propia de una visita institucional, salvo por un detalle:
NO HAY NADA OFICIAL QUE HACER ALLÍ
Y aquí es donde la pregunta se abre como un cuchillo:
¿Quién estaba en ese coche?
¿Qué hacía en esa calle?
¿Y con qué justificación pública?
Lavapiés (donde la UIP no puede entrar pero un coche Diplomático sí), no es sede de ministerios, no hay embajadas, ni organismos diplomáticos, ni ninguna razón de agenda oficial que explique esa presencia. Lo que sí hay en esas calles – y todo el mundo lo sabe- es trapicheo, prostitución, negocios en B y un submundo de delincuencia normalizada.
¿Se utilizan los coches oficiales también para eso?
Los coches oficiales existen para dar servicio al Estado, no para caprichos privados. Su función debería ser garantizar seguridad y traslados institucionales, nunca convertirse en chóferes de lujo al servicio del ocio, el placer o los negocios oscuros.
Pero lo visto el viernes en la Calle Doctor Fourquet 32 es la viva imagen de la impunidad. Una postal que huele a privilegio: coche pagado con dinero público, en un lugar donde no debería estar, mientras la ciudadanía trabaja y paga impuestos.
El problema no es sólo ese coche en concreto, sino LA CULTURA DEL SILENCIO que lo rodea. Nadie pregunta, nadie responde, nadie investiga. Se da por normal que los políticos y diplomáticos usen recursos del Estado como si fueran propios, sin control, sin transparencia y sin rendición de cuentas.
Hasta que un día se destapa un nuevo “caso Ábalos” y todos fingen sorpresa…
¿Negocios en B o placer? El coche diplomático que se pasea por Lavapiés






