El abusón del patio de recreo

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Como sabéis quienes seguís mis artículos, la mayoría de ellos tratan sobre el mundo animal visto desde diferentes ámbitos, especialmente, aquellos relacionados con cuestiones de seguridad y de tenencia responsable.

Este artículo va a ser, sin embargo, diferente, ya que no voy a hablar de animales, sino de algo que presencié hace algunos días y que, dado lo lamentable e injusto del caso, considero que merece ser difundido y puesto en relieve.

Sucedió en la tarde del pasado lunes, en un supermercado que la cadena Aldi tiene en Mollet del Vallès, Barcelona.

Todo comenzó cuando el vigilante de seguridad de este establecimiento observó que uno de los clientes que se encontraban en el comercio en ese momento llevaba la mascarilla bajada, tras lo cual —y como es su obligación— se dirigió a él pidiéndole educadamente que se la colocara de manera correcta.

El cliente, en vez de pedir disculpas y subirse la mascarilla, se lo tomó a mal y comenzó a increpar al vigilante de una manera que me recordó al típico grandullón abusón del patio de recreo. No se lo había pedido por favor —le dijo. Acto seguido, le amenazó con pedir una hoja de reclamaciones si no lo hacía, lo que sin duda le acarrearía muchos problemas con sus jefes —añadió.

Así pues, al cliente no le servía la educación con la que el vigilante le había pedido que se subiera la mascarilla, ¡lo quería por favor!, como si aquel hubiera perdido su condición humana y se hubiera convertido en un perrito que bailara a la voz de su amo. Posteriormente alegó que tenía un certificado médico —que no llegó a mostrar —que le permitía no tenerla que llevar puesta; no satisfecho, adujo también que era un policía fuera de servicio —aunque en ningún momento se acreditó.

Nuestro hombre cumplió su palabra y pidió la hoja de reclamaciones y se dispuso a rellenarla en la zona de cajas donde todo el mundo iba a poder ser testigo de su —para él— honorable hazaña. Una vez rellenada esta, y para amedrentar todavía más si cabe al profesional de la seguridad,  exigió que este le diera su nombre, apellidos y número de placa a la vista del resto de clientes.

Al día siguiente, tal y como vaticinó, había un nuevo trabajador de la seguridad en el supermercado. Y un hombre responsable y educado que, en el ejercicio de su deber, seguramente perdió su empleo.

Un vigilante de seguridad no es un agente de autoridad; solo lo sería en caso de requerimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

He podido hablar con varias personas que se dedican a esta profesión y todas se lamentan de un mal común: la precariedad e indefensión con la que trabajan.

No se sienten respaldados por la ley. Si ocurre algún percance y son agredidos o insultados e intentan repeler la agresión o defenderse, pueden acabar perdiendo su puesto de trabajo, o incluso teniendo problemas legales: se ha dado el caso de vigilantes heridos a los que se les ha condenado a indemnizar a su asaltante.

Para poder llevar a buen puerto su cometido —me dicen— es indispensable que se contemplen de manera urgente una serie de reivindicaciones. En primer lugar, que los puestos de trabajo vayan en función de la peligrosidad que conlleven; que dispongan de armas reglamentarias para ejercer su profesión en condiciones de seguridad —pistola además de porra—; y que las personas que lo realizan tengan la condición de agentes de la autoridad, con capacidad efectiva para defenderse. Reivindicaciones que solo pueden conseguirse desde la unión de todos los profesionales del sector.

Enviaré este artículo, tanto a la dirección del supermercado, como a la empresa de seguridad para la que trabaja el vigilante, para que tengan conocimiento de cómo ocurrieron las cosas realmente y reconsideren su actitud, restituyendo al agente de seguridad a su puesto de trabajo.

En caso contrario, el abusón del patio de recreo habrá vencido sobre él y sobre el resto de ciudadanos a los que estos profesionales protegen.

Para quien desee acompañar la lectura de este articulo con la música que sonaba de fondo mientras lo escribía, os dejo a continuación el enlace.

4 COMENTARIOS

  1. Ocurre en demasiadas ocasiones este tipo de situaciones y los profesionales no se sienten respaldados por las empresas

  2. Indignante.No hay palabras.
    Pero por desgracia nos las tenemos que tragar muchísimas veces. Cuando en educación y saber estar le o les superamos con creces.

  3. Podéis cambiar la situación si os unís y luchais todos a una por conseguirlo.
    No hay nada que no se pueda conseguir. Lo único imposible es lo que no se intenta.
    Todos los cambios y revoluciones que han llegado a buén puerto han sido posibles desde la unidad de todos.

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