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Crímenes mundiales en directo. Un desastre

Por Manuel Avilés

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No hace falta un misil  – los misiles son los grandes sustitutos del Derecho Internacional, que se han cargado con sus aviones, sus drones y sus barcos de guerra, dos criminales: Trump y Netanyahu, aunque hay más. Trump tiene el premio de la FIFA, no necesita el Nobel.  No hace falta un misil para matarte. Basta que saques a tu perro a pasear, un sábado cuando acaba la película, a las 0.42 horas del día 14 de  marzo, y un taxista temerario e irresponsable emulando a Carlos Sainz, tome a velocidad ilegal una curva que une dos calles y te pegue un leñazo haciéndote dar tres vueltas en el aire con tu perro en brazos y cayendo de espaldas junto al bordillo de la acera. No te he visto   – dice el taxista, retador, que iba con el móvil en la mano. Un niñato-. Como soy un anciano duro, me levanto, cojo al perro que ha salido volando tres o cuatro metros y fotografío la matricula del fitipaldi al volante. Yo iba bien, dice. Piensa que el viejo está ga gá y comulga con ruedas de molino tras el golpe. Iba cortando la curva, en diagonal vertiginosa,  porque en una noche de sábado, cerca de los juzgados a la una de la mañana nadie sale a que el perro haga sus necesidades. Lo llevo todo grabado.

Llamo a la policía local porque quiero esa grabación taxística para presentar la querella pertinente. El taxista ni se bajó  del coche. Al ver que yo estaba de pie y haciendo fotos a su matrícula optó por irse. Llevo cuatro días  – nada roto, soy un viejo duro- con la sensación de haber recibido la paliza de mi vida. Quiero la grabación, policía local y por favor dejen de ponerle a los ancianos una cinta grabada cuando llaman para que hablemos con una máquina. Hace falta un policía al teléfono que hable como una persona y conteste a las preguntas. Todos tienen hoy el mismo defecto: si quiere una copa, pulse uno. Si desea una declaración de amor, pulse dos. Si desea sexo oral telefónico, pulse tres y si quiere irse a la mierda, pulse cuatro. Después, como en los seguros, que para cobrar sí están espabilados, te dan una clase sobre privacidad, sobre protección de datos y sobre prácticas sexuales posibles la tercera edad. Luego te recomiendan el catecismo del Padre Ripalda y te mandan a tomar por donde habla Miguelito en su libro Cuando el uniforme se convierte en piel.

Que te atropelle un taxista, imprudentemente veloz y hablando por el móvil a la una de la madrugada mientras paseas al perro, es una minucia si lo comparamos con la que hay liada en el mundo. Voy a tener que ampliar la hipoteca – con los tipos de interés subiendo- y comer solo bocadillos de chóped, si quiero poner gasolina a la moto y llevar a mi chica a cenar para intentar comerle la oreja y que olvide las intenciones de dejarme.

A ver si soy capaz de resumir: El régimen de Irán, dominado por unos viejos con sotana y turbante, que creen en algo increíble, no es modelo de respeto a los derechos humanos. Solo hay que recordar cómo Mahsa Amini, una joven kurda, murió en manos de la policía, detenida por un delito gravísimo: no llevaba el velo correctamente puesto. Ni que el ayatolláh Jamenei fuera el cura de mi pueblo  – cuando Franco, cuando el nacionalcatolicismo. Lean Cuarenta años de cárcel- que echaba a las mujeres de la iglesia si iban a misa en manga corta. Había que ponerse unos suplementos que taparan los brazos para evitar las tentaciones de los hombres contra la castidad, viendo brazos y más brazos desnudos. De piernas y escotes ni hablamos que eso eran palabras mayores. Te echaban de la iglesia y del pueblo. Te tenías que ir a Barcelona para encontrar novio porque allí estabas etiquetada de pendón verbenero para los restos. Como María Martillo, que estaba en pelotas y quería remangarse.

La muerte de  Mahsa Amini, también es una minucia. Hay muchas más. Trump, comparado con el ayatollah Jamenei tampoco es un dechado de virtudes ni un modelo de respeto a los derechos humanos. Véanse asesinatos en plena calle, como el de una mujer en su coche por ser presuntamente inmigrante. Véanse fusilamientos sin juicio de negros o asfixias con la rodilla en el cuello por sospechas de no sabemos qué. Los derechos humanos sucumben a las pistolas que ya me lo decía Kubati en la pestosa enfermería de la cárcel de Burgos: el derecho lo impone el que tiene la pistola. Sabio Kubati que ahora manda en Bildu y sostiene el tenderete. La próxima semana hablaré de un articulo leído ayer, que atribuye a Zapatero la vía Nanclares. Falso de toda falsedad. Lo explicaré con detalle.

Netanyahu  – criminal de guerra clarísimo, véase la laminación de Gaza con casi cien mil muertos porque quiere ampliar el territorio judío, quiere hacer allí una Costa Azul de Casinos, Puticlubs, botellones y Top Less   y quiere quitar de en medio a palestinos, sirios y libaneses que estaban antes-. Netanyahu convence a Trump – psicópata afanoso de poder y notoriedad, que me ha jodido hacer la ruta sesenta y seis a la vejez- lo convence de que Irán está enriqueciendo uranio y va a tener la bomba atómica ya. Esta afirmación parece tan verdad como las armas de destrucción masiva del trío de las Azores. Ni había armas de destrucción masiva ni bomba atómica.

Trump, con ganas de marcha  – cuando yo hacía Criminología, entre otros profundísimos e inútiles estudios, a la vista está para qué sirve el Derecho, si hay misiles en el armero. En esos estudios se definía a los psicópatas como seres con vehemente sed de excitación. Epstein se suicidó en la cárcel, las niñas de aquella isla han crecido, tienen la lengua muy larga y lo cuentan todo. Excitan más las explosiones con moros despedazados. Trump, se tira al barro, perdón al desierto pedregoso, detrás de Netanyahu y la lía bien liada. Es una especie de analfabeto, nuevo rico, con aires divinos y de omnipotente. No tiene ni puta idea. En materia de guerra lo asesora un cachas de gimnasio, guaperas super tatuado. Ambos confunden Irán con Venezuela y a los Ayatollás fanáticos con el chófer Maduro y con  Delcy Rodríguez. Hay una diferencia. El fanatismo existe, ahí está, pero los Ayatollás Jomeinis y Jameneis son tíos leídos y no gilipollas. En esa zona no están todo el día rumbeando, bailando salsa, bachata, zumba y vallenato. El universo moro, persa, afgano, kurdo, armenio…dista mucho de ser caribeño.

Trump ha errado en sus cálculos. Ni siquiera, con su secretario de guerra, ha calibrado la clausura del estrecho de Ormuz. No habían mirado el mapa antes de lanzarse al ataque. Hasta el secretario de la energía se ha dado cuenta ahora – tarde- de que el estrecho de Ormuz coincide con las costas iraníes.

Trump tira para adelante  con el cuento nuclear – azuzado y engañado por Netanyahu que es más listo- y el otro no sabe que los iraníes no están solo en Irán, que hay hezbolás, hamas, hutíes y milicias pro iraníes en Irak. ¿Los vais a bombardear a todos?  Irán no representaba una amenaza inminente. Y no es fácil colocar a Delcy Rodríguez allí, perdón, al hijo del dictador Sha de Persia, Rehza Pahlevi. Irán conserva intacta su capacidad de generar miedo en quien ose agredirlo, sabe que el cierre de Ormuz pone contra la pared la economía mundial.

Trump es un jeta. Insulta a Europa, le coloca aranceles. Se mete el solo en un avispero y, después, exige que le ayuden a salir de él, como una obligación ineludible y casi moral.

Esta guerra, imprudencia supina de Trump y Netanyahu tiene muy mala pinta. Israel está ahora aislado, cuando hasta hace poco y bajo cuerda, se entendía con los turcos y los saudíes. Sigue siendo solamente la cuña occidental en el oriente medio. Los moros  – la palabra no es peyorativa, lo sabemos bien en mi tierra, mora por los cuatro costados- se ven nuevamente justificados para atentar donde les de la gana como violencia de respuesta contra la que están sufriendo contra el gusto de Trump. Esta es una guerra remota, lejos de América, que mantiene a las fábricas de armas en plena productividad y que nunca han ganado los americanos  – Corea, Vietnam, Afganistán los rusos, que permitió el nacimiento de Al Qaeda armándolos y sufriéndolos luego, Siria.

Estamos ante el abismo de una recesión mundial que no puede parar el imprudente y megalómano Trump, que se ríe de cómo ganan dinero los EE.UU. Trump y Netanyahu no tienen interés en acabar. Necesitan un enemigo externo porque saben que, si caen, les espera la cárcel, no el Nobel. De hecho a Netanyahu ya lo está esperando el tribunal penal internacional que sirve de bien poco ante el poder de los misiles. Hasta el máximo asesor de Trump, el director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, se ha pirado por su desacuerdo con las embestidas trumpistas.  Un desastre, lo que han liado estos tipos.  Solo falta que… me callo, no quiero dar ideas ni echar más leña al fuego.

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

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