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Con orgullo y honor: a quienes sostienen el alma de la Policía Nacional

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En estos momentos difíciles, en los que como institución atravesáis una etapa compleja, quiero dirigirme con especial cariño, respeto y admiración a quienes sois su verdadera alma y corazón: sus policías.

Hoy, más que nunca, quiero trasladaros mi ánimo, mi apoyo y mi reconocimiento profundo.

Las instituciones, en ocasiones, se enfrentan a momentos duros, a situaciones probablemente muy cuestionables, con razón o sin ella. No me compete a mí realizar valoraciones al respecto. Pero el Honor permanece intacto cuando quienes la integran, sin excepción, actúan con integridad, lealtad, dignidad, respeto, vocación y sentido del deber. Y vosotros, hombres y mujeres de la Policía Nacional, lo hacéis cada día. En cada turno. En cada intervención. En cada acompañamiento al ciudadano. En cada decisión que tomáis pensando primero en los demás.

Las circunstancias pueden ser adversas, las críticas intensas y la presión constante, incluso en momentos de gran exposición mediática. Sin embargo, nada de ello debe haceros perder de vista la esencia de vuestra labor: el compromiso firme con los valores que os definen, valores que son la columna vertebral de vuestra vocación: honor, integridad, lealtad, valentía, responsabilidad, vocación de servicio, profesionalidad, respeto, discreción y unidad.

Cuando la incertidumbre pesa y el ruido ensordece, es cuando destaca el verdadero significado del uniforme. Porque no es solo una prenda: es un compromiso. Es historia. Es sacrificio. Es vocación. Es el honor de servir a España y al conjunto de su ciudadanía, incluso cuando resulta difícil, incluso cuando no hay aplausos.

Vuestra labor no pasa desapercibida. Más allá del ruido y de las circunstancias sobrevenidas, permanece intacto el respeto de quienes valoramos el esfuerzo diario que realizáis. Cada día, con discreción y profesionalidad, asumís responsabilidades que exigen valentía, sacrificio y una verdadera vocación de servicio público.

Las instituciones, en algún momento de su trayectoria, deben enfrentarse a circunstancias excepcionales. Pero son las personas que las integran quienes les otorgan fortaleza y dignidad. Y la Policía Nacional, nuestra Policía, está compuesta por profesionales preparados, comprometidos y resilientes, capaces de superar cualquier dificultad con unidad y sentido del deber. Porque el honor no lo conceden las circunstancias externas; nace de la conciencia tranquila y del deber cumplido.

Que estos momentos de intensa exposición mediática sirvan para reforzar la cohesión, el orgullo de pertenencia y la confianza en los compañeros, en los mandos y en el trabajo bien hecho; en la propia institución que representa a todos y cada uno de sus hombres y mujeres, y de la que seguimos estando profundamente orgullosos.

La fortaleza de una institución no se mide por la ausencia de dificultades, sino por su capacidad para superarlas con integridad y profesionalidad.

Que nadie os haga olvidar jamás el orgullo de pertenecer a una institución que forma parte de la historia y de la seguridad de nuestra Nación.

GRACIAS por vuestra ENTREGA.
GRACIAS por vuestra LABOR.
GRACIAS por vuestro HONOR.
GRACIAS por vuestra VOCACIÓN.

Como dijo Calderón de la Barca:
“La honra es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios.”

Si me lo permitís, no quiero olvidarme de los alumnos y opositores que comenzaron con tanta ilusión esta nueva singladura en sus vidas.

No permitáis que el ruido externo ni la exposición mediática de los últimos días os distraigan o desalienten. Como alumnos y opositores que desde niños o quizá por tradición familiar o vocación soñasteis con vestir el uniforme, seguid firmes. Recordad cada día que cada esfuerzo y cada acto de constancia os acercan a cumplir ese anhelo de convertiros en hombres y mujeres de una institución con Historia, Honor y Valores: la Policía Nacional.

Todo este ruido mediático pasará, la sobreexposición quedará atrás, las aguas se calmarán y permanecerá aquello que nunca depende de las circunstancias: vuestro deber, vuestro honor y vuestros valores.

Lo circunstancial es efímero; el honor y el deber permanecen, y la institución, sostenida por la integridad de quienes la sirven, se fortalecerá ante esta adversidad.

Porque ser policía no es simplemente ejercer una profesión. Va mucho más allá.

Es abrazar cada día una responsabilidad que trasciende lo individual.
Es estar cuando otros se apartan.
Es velar por la seguridad de todos, aún a costa de la propia tranquilidad.
Es mantener la firmeza en medio de la tormenta y la calma ante la adversidad.

Ser policía es tener el privilegio de honrar nuestra bandera, llevarla sobre los hombros con orgullo, respeto y profundo sentido de responsabilidad; respetar nuestra Constitución y nuestras leyes.
Como dijo Séneca:
“La dificultad muestra lo que los hombres son”

Con respeto inquebrantable, admiración sincera y orgullo profundo hacia quienes servís con entrega a España.

Una voz entre millones

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