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Ceuta y la sombra de la Marcha Verde: El uso de civiles como arma de invasión para conquistar territorios

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El pasado 30 de julio, Ceuta vivió una de las jornadas más críticas de su historia reciente: según datos del propio Gobierno, alrededor de 80.000 personas cruzaron de forma irregular desde Marruecos hacia la ciudad autónoma. La magnitud del episodio ha despertado comparaciones inevitables con la Marcha Verde de 1975, cuando el rey Hassan II movilizó a más de 350.000 civiles hacia el Sáhara Occidental para forzar la retirada española y consolidar la soberanía marroquí sobre el territorio.

En ambos casos, el uso de civiles como instrumento político y estratégico plantea interrogantes sobre los límites entre presión migratoria y maniobra geopolítica.

De la Marcha Verde al siglo XXI: el patrón que se repite

La Marcha Verde fue una operación cuidadosamente planificada: Marruecos utilizó a miles de ciudadanos desarmados para ocupar el Sáhara, evitando un enfrentamiento militar directo y generando una imagen de “reivindicación popular”. Hoy, casi medio siglo después, algunos analistas observan paralelismos inquietantes en la dinámica de las entradas masivas en Ceuta y Melilla: oleadas de civiles que desbordan los dispositivos de seguridad, saturan los recursos locales y alteran el equilibrio demográfico.

¿Una estrategia de desgaste?

Expertos en seguridad y defensa advierten que Marruecos podría estar aplicando una estrategia de presión híbrida, alternando diplomacia y desbordamientos migratorios para erosionar la soberanía española en las ciudades autónomas. El objetivo, según estas hipótesis, sería colapsar progresivamente la capacidad de respuesta de Ceuta y Melilla, generando un cambio demográfico que, a largo plazo, permita reclamar un referéndum de autodeterminación bajo el argumento de que la mayoría de la población tiene vínculos familiares o culturales con Marruecos.

Ceuta y Melilla: territorios bajo presión

Las cifras son alarmantes: en los últimos años, las entradas irregulares han aumentado de forma sostenida, con picos que superan cualquier precedente histórico. La Guardia Civil y el Ejército han reforzado sus dispositivos, pero los episodios de saltos masivos y avalanchas coordinadas muestran una capacidad de movilización que va más allá de la mera migración espontánea.

El debate internacional

Mientras España intenta contener la presión, Marruecos mantiene una posición ambigua: por un lado, coopera en materia de seguridad; por otro, reivindica históricamente Ceuta y Melilla como “ciudades marroquíes bajo administración española”, una fórmula que recuerda la postura estadounidense respecto al Sáhara tras reconocer la soberanía marroquí en 2020.

Analistas europeos alertan de que esta ambigüedad podría ser el preludio de una estrategia de largo alcance, donde la demografía y la presión social sustituyen a los tanques y los fusiles.

Una frontera que define el futuro

Ceuta y Melilla son hoy más que enclaves estratégicos: son símbolos de la frontera sur de Europa y del equilibrio geopolítico entre España y Marruecos. Si las oleadas migratorias se consolidan como herramienta de presión, el escenario podría evolucionar hacia una reconfiguración territorial gradual, donde la soberanía se diluya entre la demografía y la diplomacia.

La historia del Sáhara demuestra que las invasiones no siempre comienzan con disparos. A veces, empiezan con pasos silenciosos cruzando una frontera.

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