
Habiendo transcurrido ya varios días desde que nos dieron los resultados, me he sorprendido en varias ocasiones mirando absorto esa pantalla. No he podido evitar una sensación de extraña culpabilidad por no sentirme inundado de una profunda alegría. A veces me pregunto si seguiré aún dormido, si será solo una victoria efímera antes de recibir un nuevo revés, y por qué me invade este sentimiento plano de extraña normalidad. Una sola palabra: ‘Apto’. Una palabra que encierra en sí misma demasiados sueños quebrados y emociones aplazadas. Cuatro letras que parecen pequeñas pero que lo cambian todo, porque cargan con el peso de ocho interminables años. Un larguísimo periodo de desvelos, de whatsapps en un bucle infinito, de ansiedad galopante y de una frustración desmedida. Hoy, al verla, me doy cuenta de que esa palabra ya no significa lo mismo que cuando empezamos, sencillamente porque nosotros tampoco somos los mismos.
Han sido demasiados días de recursos, de juzgados, de puertas cerradas de golpe y de una oscuridad inabarcable en la que no se veía el final. Días en los que la vida seguía su curso inexorable, dejándonos pérdidas durísimas por el camino que nos cambiaron para siempre, mientras nosotros nos sentíamos atrapados en un callejón indescifrable.
No es hoy el día para regodearnos en reproches ni lamentos. Todos sabemos la sinrazón, el abuso continuado y la injusticia que hemos sufrido muchísimos opositores y nuestras familias. Sabemos quiénes jugaron con nuestro futuro desde los despachos, y el daño que hicieron a la Institución. Pero hoy no les voy a dedicar ese tiempo a ellos. Hoy toca hablar de nosotros.
De lo que éramos cuando empezamos esta batalla desigual, apenas queda la esencia. El resto se ha forjado a martillazos en la adversidad y en la fe de quien cree que, al final, el Estado de Derecho funciona. Durante este tiempo, hemos aprendido a base de golpes que la resiliencia no es tener que cargar con un peso insoportable, ni ser mirado con condescendencia, ni aguantar como un saco de boxeo hasta caer noqueado. Resiliencia es tener la rebeldía y la convicción de que la única respuesta válida es levantarse de la lona.
Ese ‘Apto’ de hoy no es solo el instrumento para ejercer una profesión, ni el mero reconocimiento de que teníamos la razón. Es la prueba definitiva que nos devuelve a nuestro legítimo lugar, que restituye nuestra dignidad vulnerada y restaura el orden natural de las cosas. Y aún con todo, la lección más dura que tuvimos que aprender fue que, aunque no podíamos controlar las injusticias ni el abuso de poder, sí éramos los dueños absolutos de nuestra respuesta.
De esa negativa a dejarnos pisotear nació ‘La Voz del Opositor’, como un grito de esperanza y de unión. Si el sistema carecía de garantías, nosotros seríamos el escudo del compañero que teníamos al lado. El verdadero triunfo de estos años ha sido cuidarnos entre nosotros. Convertir nuestro dolor y nuestro sufrimiento en una red de seguridad para los que vinieron detrás.
Hoy cerramos el círculo de un viaje al abismo que nunca buscamos. Sobrevivir a esto nos ha dejado una certeza: la lealtad, la protección y la gratitud al compañero nos han salvado a todos. Al miraros a la cara me confirma que ni un solo segundo fue en vano. Hemos aprendido a lucir con orgullo nuestras cicatrices y a honrar nuestra lucha. Un camino que, aunque tortuoso, siempre mereció la pena.
Os doy las gracias por ser mi trinchera y mi familia elegida. Hoy celebramos algo más que un simple ‘Apto’ para ser policías, porque hicimos de muro de contención frente a la injusticia y somos el testimonio vivo de los valores que se requieren ante la arbitrariedad.
Disfrutemos de este triunfo, compañeros. Nos lo hemos ganado. Recurso a recurso. Día a día. Batalla tras batalla con nuestra arma más poderosa: “NO TE CALLES”.






