Asesinato de David Beriain y Roberto Fraile: morir para contar

David Beriain, Roberto Fraile y Ricardo Magaz grabando Clandestino 3. Clandestino (233)
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Columna de Ricardo Magaz en h50 Digital Policial. “CRÓNICAS DEL NUEVE PARABELLUM”.

La última vez que vi a David Beriain y a Roberto Fraile fue rodando un episodio del documental “Clandestino” para Discovery Max sobre los cárteles de la cocaína colombiana y los sicarios de las narcomafias. Mi intervención, impulsada por la Sociedad Científica Española de Criminología, la grabamos un jueves de febrero por la tarde. A la mañana siguiente volaron a Latinoamérica donde estuvieron “empotrados” en varios clanes de la droga.

Emboscada mortal

El pasado 27 de abril la noticia, adelantada por la ministra de Asuntos Exteriores, recorrió todas las redacciones del país: el periodista David Beriain y el cámara Roberto Fraile habían sido asesinados en una emboscada en Burkina Faso, muy cerca de la frontera con Benín, una zona peligrosa por ser campo de operaciones de bandidos, terroristas, furtivos, piratas de tierra adentro y secuestradores en un Estado, Burkina Faso, fallido desde hace tiempo, donde la ley es una entelequia. Las crueldades y las ejecuciones extrajudiciales cometidas tanto por el Ejército regular como por los paramilitares son el día a día en la región.

David Beriain, Roberto Fraile y Ricardo Magaz grabando Clandestino 3. Clandestino (233)

David y Roberto formaban parte de un equipo con técnicos, agentes medioambientales y soldados cuando un grupo de milicianos, posiblemente bandidos de corte yihadista, asaltó el convoy de los reporteros a sangre y fuego. Como es sabido, los mataron a casi todos, incluido al ciudadano irlandés Rory Young, presidente de la oenegé Wildlife, les robaron el material y se apropiaron del armamento de los militares que en teoría tenían que protegerles.

Furtivismo

Beriain y Fraile, su mano derecha, estaban grabando un documental sobre el furtivismo en el parque nacional de Arli, en el Sahel central, una de las regiones más pobres del mundo; ocupa el puesto 182 de 189 en el ranking de Desarrollo Humano de la ONU. Un territorio donde la vida no vale nada y la supervivencia es una batalla que hay que pelear diariamente.

La carrera de Beriain se había consolidado hace años como reportero en zonas de conflictos armados. Las entregas de “Clandestino”, el documental que dirigía, se emiten en 160 países y han recibido premios en numerosas ocasiones. La última, “El negocio del secuestro en Venezuela”, nominada a los prestigiosos premios de no ficción RealScreen Awards como documental de actualidad. Antes, lo estuvo a los Goya y al Emmy en la categoría de mejor investigación periodística en español.

Narcomafias

Con “Clandestino”, Beriain se adentró en narcomafias como el cártel de Sinaloa cuando en su seno había estallado una guerra sangrienta por la sucesión del “Chapo Guzmán”, encarcelado en Nueva York por la DEA. La Camorra, La Cosa Nostra y otros grupos criminales de aquí (Galicia y el Estrecho de Gibraltar), de Iberoamérica (Colombia, México, Brasil, Bolivia…), o de África (Somalia, Sierra Leona, Libia, Sudán, Ruanda…) fueron asimismo objetivo de su cámara escrutadora para contarlo al mundo y dar voz a los que no la tenían.

Hubo un tiempo en el que el joven David Beriain cubrió guerras como corresponsal para periódicos de provincias donde se publicaron grandes reportajes suyos sobre Afganistán y otras latitudes en conflicto. Roberto Fraile, por su parte, trabajó durante años en La 8 de Salamanca, el canal provincial de la cadena CyLTV. El documental “La Agencia”, en el que Roberto se empleó intensamente, se inauguró en la Seminci de Valladolid. En diciembre de 2012 la deflagración de una granada estuvo a punto de costarle la vida en Alepo, Siria.

Morir para contarlo

“Es posible que algún día suene el teléfono en casa y le digan a mi mujer: “David ya no volverá”, dejó grabado Beriain en una impresionante entrevista que se puede ver en internet. ¿Premonición? En absoluto. El reportero conocía los riesgos de intentar llegar más allá en busca de la verdad con su concepto de “periodismo inmersivo” y lo asumía como parte del trabajo. Ambos murieron en acto de servicio.

El día que nos despedimos del equipo de rodaje en Madrid, después de grabar con David y Roberto en las aulas del Centro de estudios de ciencias policiales Marsan sobre las narcomafias de la cocaína y sus sicarios, bromeamos sobre si era más peligroso ser “madero” o reportero. “Depende dónde”, dijo alguien del grupo. Tenía razón el gallego. Mayor es el peligro donde hay más temor.

David Beriain y Roberto Fraile, dos profesionales que nos han dejado una obra documental realmente extraordinaria. Dignificaron el periodismo. Por siempre en nuestros corazones.

(*) Ricardo Magaz es profesor de Fenomenología Criminal en la UNED, ensayista y miembro de la Policía Nacional (sgda/ac)

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