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Advertencia a los negreros

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Manuel Avilés*

Vivo en un ¡Ayyy! Cuando lean el artículo ya habrá hablado Sánchez con la señora Bueno en televisión. ¿Será una entrevista seria en la que se hable de las leyes ad hoc para permanecer en los sillones, por ejemplo? ¿Será un masaje con sauna y con preguntas edulcoradas para mayor gloria del entrevistado? Yo admiro a Sánchez, aunque no esté de acuerdo con su desguace del Estado. La última muestra es que Illa, antes ministro y ahora Presidente de Cataluña, se desplaza a Bruselas a despachar con Puigdemont que es el que realmente manda, porque todo se irá al garete en el momento en que él quiera. El presidente busca al prófugo. Alucinante, la vida al revés.

El libro Manual de resistencia, dicen que lo escribió Irene Lozano, pero define la personalidad de Sánchez, persistente y empecinado en lograr lo que se propone. Profesor de Maquiavelo que es un analfabeto a su lado. Tenemos la prueba ahora. Los catalanes y vascos no quieren menas, pues no los reciben. ¿Hay que amnistiar a Puigdemont? Amnistiado y jefe de toda negociación lo tenemos. ¿Piden rebajas en la deuda autonómica? Pues se les rebaja lo que haga falta. Y a los vascos igual, que ahí tenemos a Kubati, prácticamente encargado de supervisar el cumplimiento de condenas y los grados que manda más como jefe del colectivo de presos que la directora vasca de prisiones. No me cuenten películas que conozco el percal. Mientras tanto, los iniciadores de la Vía Nanclares, los que se jugaron el pescuezo para que ETA iniciara su desmantelamiento, Isidro Etxabe y Jon Urrutia, siguen etiquetados como traidores. Así se escribe la historia y se hacen peliculitas blandas de maixabeles, patrias e infiltradas – cuentos morunos- y la verdad sobre la disolución y la lucha y las amenazas a los militantes de la banda, duerme el sueño de los justos, esperando a la productora que quiere rodarla.

Me quedo gilipollas con lo que oigo. Personas que no han aprobado ni primero de universidad nos dirigen e imparten doctrina como si fueran el catedrático Desantes, modelo de sabiduría, de generosidad y de clase. Ahí tienen al sindicalista – no digo con quien pactó ese sindicato para su vergüenza- que va siempre con pañuelos al cuello y que no ha dado golpe en su vida – presuntamente, si ha trabajado en alguna fábrica como yo que lo diga y me retracto-. Miren a Patxi, que sin aprobar primero tampoco según leo en prensa ha sido portavoz en el Parlamento y más caros de enjundia. Miren a Iceta, otra lumbrera que ha sido hasta ministro. Y miren a Abascal, de otro signo. Yo era director de la cárcel de Nanclares y él concejal de Vitoria. Luego, me cuentan, le puso un chiringuito Esperanza Aguirre y estuvo cobrando unos años una pasta sin saber de donde le venía el trabajo porque no daba golpe. Después monta un partido ultra y ahí lo tenemos subiendo como la espuma. Padre de la patria y demagogo. Estos tíos no han aprobado una oposición – Macarena Olona sí, pero la tiraron- pero son listos de cojones para vivir la vida.

El señor Abascal se ha descolgado con una frase que hará época: Ese barco de negreros hay que confiscarlo y hundirlo – se refiere al Open Arms-. Para que sirva de advertencia de cuál va a ser el final que les espera a todos los multimillonarios y políticos que promueven la invasión de Europa. Añade en otra proclama: Sí, hay que hundirlo y no os atrevéis a preguntar a los españoles porque la inmensa mayoría piensa lo mismo.

Abascal se hace un lío y mezcla: hambre, guerras, necesidad, presiones de gobiernos corruptos, mafias que se enriquecen, delincuencia de necesidad y mil realidades sociales, políticas y criminales más.

Don Santiago: la inmigración, el movimiento de los seres humanos – y de los animales- en busca de mejores condiciones de vida es una constante de toda la historia de la humanidad desde siempre. Como la persecución del fuego, como el progreso, como las religiones, como el ansia de poder, como la propiedad privada, como la persecución de las mujeres para procrear y eternizarse. Instintos casi básicos.

En los países llamados del tercer mundo hay condiciones difíciles de vida, gobiernos corruptos y sanguinarios, guerras entre bandas de todo tipo y la gente, en busca de la supervivencia y la tranquilidad, se intenta ir donde cree que tendrá mejores perspectivas. Eso es una cosa y otra que gobiernos golfos y sinvergüenzas – el marroquí, por ejemplo- lo usen como arma de presión contra un gobierno inane – el español, por ejemplo-. Otra cosa es que las mafias, atentas a todo lo que genere dinero – la droga, las armas, la prostitución, el mariconeo, o lo que sea- usen de esa necesidad y la pulsión de salir de ella para hacer negocio y enriquecerse. Ellos – los mafiosos- se creen que lo hacen muy bien y se consideran incluso empresarios listos y éticamente impecables. He conocido miles de puteros, de narcos, de macarras…y todos pensaban que eran empresarios imprescindibles con un razonamiento único: si no lo hago yo lo hará otro porque la gente lo pide. Todo el mundo quiere putas, quiere droga, quiere armas y si no lo vendo yo, lo vende otro. Lo mismo pasa con el tráfico de desgraciados que huyen de Guatemala para meterse en Guatepeor. ¿Usted cree, don Santiago, que uno se va con gusto de su pueblo? Mi familia entera se fue, con lo puesto, a buscarse la vida a Alemania, ilegalmente y luego encontraron los papeles. Nadie salió de Granada por gusto. Porque la tierra, como la sangre, tira mucho, como decía la monja del chiste. ¿Sabe usted ese chiste? Un cura atiende a una monja vieja que la está palmando. Hermana, le dice como consuelo, ahora va a estar usted con Dios, con Jesucristo, con la Virgen, con San José y con todos los santos. Ya, don Blas, le contesta la monja, que se estaba muriendo pero no había perdido aún la cabeza. Don Blas, eso es muy bonito, pero como en la casa de una no se está en ningún sitio. Ahí está la clave.

¡Qué duda cabe de que la sociedad está cambiando! Yo tenía una novia de la que creía estar perdidamente enamorado. Nada que ver con mi chica ahora, que esa sí que mueve las baldosas de las calles cuando anda por ellas y hace guiñar a los semáforos y funde los plomos cuando se acerca al interruptor de la luz para encenderla porque hasta las lámparas de los estadios de fútbol le tienen envidia.

En veinte años – yo ya no estaré porque la palmo pronto- a este país y al resto de Europa no los va a conocer ni la madre que los parió. Con esa novia que he citado fui a votar en unas elecciones y, en su escuela, había un corcho con los nombres de los alumnos de aquella clase que era colegio electoral: de veintiocho niños, solo tres eran españoles, ocho sudamericanos y moros todos los demás.

¿Cuál es la clave? Que somos gilipollas y que no sabemos ni somos capaces de ejercer como estado laico. Un estado laico y aconfesional. Sin religión que no es sino un instrumento más de control y de dirección social. En el caso del islam, una religión opresiva y machista. También la cristiana, aunque esta se ha dulcificado un poco ante la huida de la clientela.

Somos – y los europeos también salvo el criminal de guerra Putin- un país de memos. ¿Qué es eso de proteger, con base en la libertad, una religión que no respeta ese principio básico? La democracia, me dijo una compañera de derecho que ha llegado lejos, no como yo que no he llegado a nada: la democracia es el sistema que peor se defiende a sí mismo. Defienden, por ejemplo, que se use un local publico para una ceremonia machista hasta la médula. Solo hombres de rodillas inclinados y las mujeres fuera. Defiende manifestaciones feministas – supuestamente- y las que van sujetando pancartas, van tapadas hasta los ojos. Discuto con Marieta y con el De Manuel – dos rojos protestantes que ahora les ha dado por llamarme facha- y afirman. Las que llevan pañuelo ejercitan su libertad llevándolo. ¡Por los cojones! También yo creía que ejercitaba mi libertad cuando dormía en el suelo para vencer las tentaciones contra la castidad y cuando me confesaba mil veces de mis malos pensamientos ante una compañera de filosofía cuyos ojos azules mareaban solo con mirarlos. No era mi libertad lo que ejercía sino la alienación que sufría y me tenía dominado. Menos mal que me tropecé con Ludwig Feuerbach: No es Dios quien ha creado al hombre, sino el hombre el que ha creado a Dios. Estado laico ya y ni un duro para creencias de ningún tipo que no son cultura a estas alturas. Cultura en la Edad Media. Ahora estamos en la Edad del Espíritu Crítico. Leed a Voltaire y dejaos de giliopolleces, don Santiago y compañeros de ideología.

Manuel Avilés, escritor y director de prisiones jubilado, columnista de h50 Digital

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