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Abandono de policías y guardias civiles negándoles avanzar hacia la igualdad salarial con sus homólogos

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Cada año que pasa sin que se cumpla el acuerdo de equiparación salarial entre la Policía Nacional, la Guardia Civil y el resto de cuerpos policiales de España, especialmente los autonómicos, es un año más de injusticia institucional. Un agravio que no solo afecta a los profesionales que velan por nuestra seguridad, sino que erosiona la confianza en el compromiso del Estado con la igualdad y la dignidad laboral.

Mismo uniforme, distinta nómina

La realidad es tan clara como dolorosa: un mosso d’esquadra o un ertzaina puede llegar a cobrar hasta 600 euros más al mes que un agente de la Policía Nacional o de la Guardia Civil por realizar funciones similares. ¿Dónde queda el principio de igualdad? ¿Por qué se sigue tolerando esta brecha salarial entre quienes comparten vocación, riesgo y servicio público?

El acuerdo de equiparación salarial firmado en 2018 prometía corregir esta anomalía histórica. Sin embargo, año tras año, el compromiso se diluye entre excusas presupuestarias y silencios políticos. Lo que debía ser una solución definitiva se ha convertido en una promesa crónica, incumplida y desgastada.

Sindicatos en pie, gobierno en silencio

Los sindicatos policiales y asociaciones profesionales no han dejado de alzar la voz. La reivindicación es constante: cumplimiento íntegro del acuerdo, revisión de las cuantías, y consolidación de la equiparación en los Presupuestos Generales del Estado. Pero el eco en los despachos ministeriales es cada vez más tenue. El Gobierno, lejos de atender estas demandas, parece mirar hacia otro lado, como si la seguridad ciudadana no mereciera justicia retributiva.

No es solo dinero, es reconocimiento

La equiparación salarial no es una cuestión meramente económica. Es una cuestión de respeto, de reconocimiento institucional, de justicia profesional. Los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil patrullan nuestras calles, enfrentan el crimen, protegen nuestras fronteras y, en muchos casos, lo hacen en condiciones más duras que sus homólogos autonómicos. ¿No merecen, al menos, cobrar lo mismo?

La ciudadanía también tiene algo que decir

Cada vez son más los ciudadanos que comprenden que esta lucha no es corporativa, sino social. Porque cuando se desprecia a quienes nos protegen, se debilita el tejido de la seguridad pública. La equiparación salarial no es un privilegio, es una necesidad para garantizar cuerpos policiales motivados, cohesionados y eficaces.

¿Y ahora qué?

Desde este medio, h50.es, nos sumamos a la reivindicación. Exigimos al Gobierno que deje de postergar lo impostergable. Que cumpla con su palabra. Que respete a quienes, día tras día, se juegan la vida por todos nosotros. La equiparación salarial no puede seguir siendo una promesa en bucle. Es hora de convertirla en realidad.

Porque la justicia también se mide en la nómina.

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