41 años de cárcel por asesinar a un joven e intentar matar a otros dos con un machete en Medina Sidonia (Cádiz)

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El acusado tendrá que indemnizar con 160.000 euros a la familia del fallecido y con un total de 27.000 euros a los otros dos varones agredidos

La Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a un total de 41 años de cárcel al varón acusado de asesinar a un joven e intentar matar a otros dos con un machete de grandes dimensiones en el mes de enero de 2018 en la localidad gaditana de Medina Sidonia, todo ello tras el veredicto de culpabilidad emitido por un jurado popular.

En la sentencia, fechada el día 18 de noviembre y contra la que cabe interponer recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), la Audiencia condena al encausado por un delito de asesinato y le impone 23 años de prisión y el pago de una indemnización total de 160.000 euros a la madre y los dos hermanos de la víctima.

Asimismo, la Audiencia lo condena por el primero de los delitos de homicidio en grado de tentativa a nueve años de cárcel, la prohibición de comunicación y aproximación a menos de 200 metros de la víctima durante diez años y el pago de una indemnización de 26.000 euros por las lesiones sufridas, mientras que por el segundo de los delitos de homicidio en grado de tentativa le impone otros nueve años de prisión, idéntica prohibición de comunicación y aproximación y el pago de una indemnización de 1.000 euros por el daño moral causado al afectado. La Audiencia, que aplica en estos dos últimos delitos la agravante de abuso de superioridad, establece en 30 años de cárcel el máximo de cumplimiento efectivo de la condena en aplicación de lo dispuesto en el Código Penal.

Conforme al veredicto alcanzado por el jurado, la Audiencia declara probado que los hechos tuvieron lugar sobre las 2,00 horas del día 7 de enero de 2018, cuando el acusado circulaba a bordo de su vehículo por las inmediaciones de una discoteca de Medina Sidonia y se acercó al coche en el que se encontraba un grupo de chicos del que formaban parte las víctimas, bajándose de su coche e indicándoles, “en un elevado tono de agresividad”, que “no eran de este pueblo y que se fueran para Sanlúcar, alzando la voz en tono provocativo”.

Ante ello, uno de los jóvenes agredidos se acercó al condenado “dándole dos golpes en la cara a fin de que los dejase tranquilos”, tras lo que el acusado se subió nuevamente a su coche y se marchó del lugar, aunque regresó a los pocos minutos y, “con intención de acabar con la vida” de los tres jóvenes, se bajó del vehículo portando un machete de grandes dimensiones -con una hoja de acero de 45 centímetros de largo- y, esgrimiéndolo en alto, les gritó “os tengo que matar a todos”.

“Brutal e intenso machetazo” 

El joven asesinado “no tuvo tiempo de reaccionar dado lo sorpresivo del ataque”, por lo que el acusado lo alcanzó sin dificultad y le asestó “un brutal e intenso machetazo” a la altura del pecho, falleciendo pocas horas después a consecuencia de dicha agresión. Según expone la sentencia, este joven, momentos antes de recibir el machetazo, se encontraba de espaldas al condenado, produciéndose la agresión nada más volverse, de forma que no se percató de la presencia del arma antes de ser agredido con ella.

Seguidamente, el acusado se dirigió hacia otro de los jóvenes y le asestó un golpe con el machete dirigido a su cabeza, pero justo en ese instante la víctima resbaló o se tropezó y cayó al suelo, pudiendo salvar de este modo su vida. Este joven, antes del ataque sufrido, se pudo percatar del arma que portaba el condenado “a pesar de lo rápido e inopinado de los ataques”.

A continuación, el encausado “se fue hacia el último de sus objetivos”, el tercero de los chicos, a quien le asestó dos golpes dirigidos a la cabeza, momento en que la víctima “se cubrió con ambos brazos”, impidiendo así que le clavase el machete en la parte superior de su cuerpo, pero sufriendo no obstante profundos cortes en ambos brazos. Este joven, en el curso del ataque sufrido, “vio considerablemente reducidas, pero no anuladas sus posibilidades de defensa, reacción o huida”.

“Ante los gritos y chillidos” de las personas que había en el lugar, el acusado se fue hacia su vehículo y huyó del lugar “a toda velocidad”, mientras que la víctima que no había sufrido lesiones recogió a sus dos amigos “gravemente heridos” y los subió a un coche, trasladándolos al ambulatorio del municipio, si bien, dado el peligro y alcance de las heridas, fueron trasladados urgentemente al Hospital de Puerto Real, donde los facultativos no pudieron hacer nada por salvar la vida de uno de los agredidos.

“Enorme energía criminal” 

El varón que fue golpeado en los brazos “sufrió riesgo vital” al haberse producido la sección completa de la arteria radial de la cara anterior del antebrazo derecho, pudiendo salvarse por la rapidez con la que fue asistido por los médicos. Por su parte, el investigado no tenía afectadas en el momento de los hechos sus capacidades intelectivas ni volitivas.

A la hora de determinar las penas a imponer, la Audiencia tiene en cuenta “la banalidad de la motivación criminal” del acusado y “la enorme energía criminal desplegada”, lo que se pone de manifiesto por las dimensiones del arma empleada, “toda vez que no se trató de una navaja ni de un machete corriente, sino de un arma que por sus características sirvió de efecto multiplicador del potencial riesgo lesivo que de por sí es inherente a cualquier instrumento peligroso”.

Además, a todo ello se suma que, en el acto del juicio, el condenado “no ha realizado ademán alguno ni comportamiento espontáneo, más allá de un calculado derecho de última palabra, que haya evidenciado un mínimo de empatía sincera” hacia su víctima ni hacia su familia, “habiendo mostrado durante el desarrollo del plenario una actitud fría, distante, cuando no indolente”.

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